
La física, las matemáticas y el arte de seguir enseñando
La razón de enseñar se originó en mi infancia; lo he sabido siempre. Aprendí a leer a los 5 años gracias a mi hermana mayor: elegía lecturas de mis libros de texto, las tiras de Mafalda y todo tipo de cuentos que encontraba en casa. Dos años después, en tercero de primaria, descubrí las matemáticas y, desde entonces, dejaba cualquier cosa por realizar ejercicios, pruebas y hasta competencias con otros niños en mi salón. Desde aquellos días, cuando pasaba al pizarrón, jugaba a ser maestra.
Después de estar por muchos años frente a grupo practicando la enseñanza de las matemáticas y la física, tomé la decisión de compartir, más allá de un salón de clases, lo que sabía hacer bien. Este fue el origen de un proyecto que tardé 5 años en desarrollar y producir, siempre de la mano de un equipo de mujeres talentosas y expertas en tecnología.
La construcción de ese proyecto fue fundamental. Disfruté la creación y producción de videos y convertí mi necesidad de enseñar —de ser maestra— en contenido digital con clases de matemáticas que apoyó a miles de personas en muchos lugares del mundo. La motivación fue siempre la utilidad del proyecto y creo que, en parte, se cumplió el objetivo.
Descubrí mi pasión por la creación de contenido educativo y me lancé a construir también videos que apoyan el aprendizaje de la física. Esta es una materia que requiere de una mirada distinta, así que fueron creados con la esperanza de despertar el gusto por la física en los estudiantes. Por alguna razón se quedaron un tiempo guardados, pero hoy es el día en que salen a recorrer el mundo.
Enseñar me entusiasma, me da vida y también miedo, pero cada vez que necesito explicar algo, aprendo, y con eso me quedo. El amor por las matemáticas y la física se originó un poco después de que naciera el amor por la lectura; desde niña están presentes y llegaremos juntas al final del camino, estoy segura. Mientras tanto, sigo jugando a ser maestra, y lo digo con orgullo.