
Siempre he pensado que las palabras son muy importantes. Forman parte de mis primeros recuerdos de niña; mi hermana mayor me leía y yo aprendía algunos textos de memoria. A los cinco años ya podía leer y me refugiaba debajo de la mesa para leer las tiras de Mafalda.
Al mismo tiempo llegó la música a mi vida: los acordes, los ritmos y, de nuevo, las palabras. Debía de tener unos seis o siete años cuando empecé una rutina poco común para mi edad. Por las tardes, después de la escuela, me quedaba sola en casa porque mis padres y mis hermanos trabajaban o iban a sus clases. Ese tiempo a solas me permitía explorar los discos del librero, donde también guardaban un tocadiscos; de esos en los que, en los años ochenta, podías escuchar vinilos de 33 o 45 revoluciones.
Desde entonces, yo ya tenía mis propias ‘listas de reproducción’; casi siempre elegía las mismas canciones. Mi selección iba desde Cri-Crí, y Armando Manzanero, hasta la trova de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Amaury Pérez. Terminaba el recorrido con música de bailes tradicionales de México y algunos discos de música clásica.
Años después, descubrí que la compañía de la música evitó que me sintiera sola; al contrario, siempre he creído que el camino que he transitado en mis cincuenta años es parte de una banda sonora inmensa. Cada etapa de mi vida me ha permitido recordar a través de un acorde, un ritmo o una palabra.
Desde entonces, la música me ha salvado.

A inicios de 2020, cuando todo era incertidumbre y miedo por la pandemia, hubo una cantante que rescató mi corazón con su voz y sus palabras. Ella es especialista en iluminar cualquier sombra o duda; ella canta y el corazón despierta. Su canto permite respirar con una luz distinta. Ella es Marta Gómez: colombiana, madre y una mujer que siente y nos muestra que todo puede transformarse. Tiene canciones maravillosas; cada una tiene su propia causa y, para mí, eso la hace imprescindible.
La conozco desde hace diez años y no exagero si digo que escucho su música a diario, al menos una canción. He tenido la suerte de verla en vivo en tres ocasiones en la Ciudad de México; me he prometido hacerme ese regalo siempre que Marta viaje desde Barcelona, donde radica. Escucharla en directo es una experiencia extraordinaria que compartimos quienes coincidimos en ese espacio por un breve tiempo.
Marta Gómez es parte de mi banda sonora actual y se suma a esa larga lista de reproducción que comenzó en mi infancia. Sus canciones me sostienen e impulsan, como en aquel marzo de 2020 en el que logré mantener la esperanza gracias a su tema «La vida está por empezar». La escuché cada uno de los días que pasé sin salir de casa, hasta que, finalmente, el encierro terminó.Les invito a regalarse la experiencia de un concierto en vivo con esta hermosa cantante: Marta estará en la CDMX el 6 de marzo y en Guadalajara el 7 de marzo de este 2026. Si quieren descubrir su música, solo vayan y disfruten tanto como yo lo hago. Permitan que su voz también sea parte de su propia banda sonora.
